El petróleo suscita grandes emociones y grandes pasiones, porque el petróleo es sobre todo una gran tentación. Es una gran tentación de sumas de dinero fácil, de riqueza y fuerza, de oportunidad y poder. Es un líquido sucio y apestoso que brota alegre hacia lo alto para luego caer sobre la tierra en forma de lluvia de hermosos billetes. El que haya encontrado y hecho suya una fuente de petróleo se siente como alguien que, tras un largo caminar sobre la tierra, encuentra de repente un tesoro real. No sólo se ha convertido en rico, sino que además se convence de una manera un tanto mística de que alguna fuerza superior lo ha elegido para elevarlo generosamente por encima de los demás y lo ha hecho su favorito. Se han conservado muchas fotografías que retienen el momento de la primera salida de petróleo en un pozo: la gente da saltos de alegría, se abraza con efusión, llora. Sería muy difícil a un obrero volviéndose eufórico por colocar el tornillo mil en una cinta de montaje o a un campesino, agotado de tanto trabajar, saltando de júbilo mientras camina tras el arado. Y esque el petróleo crea la ilusión de una vida completamente diferente, una vida sin esfuerzo, una vida gratis. El petróleo es una materia que envenena las ideas, que enturbia la vista, que corrompe. La gente de un país pobre deambula pensando: "Ay Dios, si tuviéramos petroleo..." La idea del petróleo refleja a la perfección el eterno sueño humano de la riqueza lograda gracias al azar, a un golpe de suerte, y no acosta del esfuerzo y sudar sangre. Visto en este sentido el petróleo es un cuento y,como todos los cuentos, una mentira.
Ryzard Kapuscinski